sábado, 15 de junio de 2013

Balance de un modelo agotado (I)

Artículo publicado en EL PERIÓDICO DE HUELVA,  en mi columna LAS HORAS el lunes 10 de junio de 2013.
Recuerdo que en los comienzos del entonces llamado onubensismo yo mismo apoyé unas tesis con argumentos que no se habían planteado ni los inventores del término. Pero en realidad,  para los agentes de aquella nueva ideología no se trataba más que de dar a los ciudadanos lo que supuestamente querían. Era la esencia misma del populismo. A una ciudad muy tocada en su autoestima no había más que proponerle que todo lo onubense era lo mejor del mundo y profundizar en el fenómeno de los agravios comparativos.
    El ingrediente principal era la defensa de las tradiciones y de lo que se consideraron valores propios irrenunciables, esencialmente el Real Club Recreativo de Huelva y las maltrechas costumbres: Semana Santa, Virgen de la Cinta, San Sebastián y el Rocío, sentido como propio a pesar de caracterizar a otra localidad de la provincia. Las Fiestas Colombinas –a las que el alcalde llegó a llamar Feria, mimetizando la denominación de otras ciudades cercanas- y el Carnaval Colombino (más resucitado que continuado) eran, de entre esas celebraciones más o menos en decadencia, las únicas de carácter civil, dándose en las otras el elemento religioso y produciéndose un maridaje casi perfecto entre el estamento clerical (católico, naturalmente) y la administración civil de la ciudad. La receta funcionó durante años y la tremenda popularidad del alcalde estuvo en gran medida apoyada en esos hechos.
    La otra cultura, la que por ejemplo supone el Festival de Cine Iberoamericano, se ha dejado languidecer por los desencuentros entre los distintos patronos y la desidia del propio consistorio. Mientras tanto,  la falta de equipamiento no se ha visto mejorada con el aprovechamiento de los nuevos espacios disponibles ni se ha adecuado la oferta cultural a las necesidades de otras generaciones ni a la ampliación del horizonte de las manifestaciones creativas que inducen el crecimiento individual y social. Pienso que el ciclo de primar los festejos sobre lo cultural a la vez que formativo ha terminado y va llegando el momento de comenzar a escribir otra página administrativa y cultural en la historia de Huelva.
   Desde mi punto de vista, las tradiciones están más que consolidadas aunque el paso del tiempo y la incorporación de las nuevas edades las hacen vivir de otro modo y comienza a bajar la participación en los eventos civil-religiosos. A lo largo de la ciudad han quedado muestras escultóricas religiosas más que suficientes, desde el monumento a la Virgen de la Cinta, el del beato Juan Pablo II, a la Inmaculada Concepción o el de la Virgen del Rocío entre otros. Además, otra de las costumbres hoy algo  contestada por parte de los ciudadanos quedó representada en el monumento a la dinastía de los Litri y solo algunas estatuas de carácter civil fueron colocadas en la ciudad..
     Hace años ya que el mismo equipo de gobierno dejó de emplear el término onubensismo para revestir de sentido una política apoyada en la persona del alcalde y administrada por un aparato casi inalterado a lo largo de los años. Pedro Rodríguez pudo cambiar de estrategia o el PP mediar más en la formación de las listas, pero sabido es que esa es una cuestión que a Javier Arenas se le fue de las manos. El PSOE obtuvo pobres resultados en las pasadas elecciones municipales porque la estrella de Zapatero se había apagado y porque no eligió la mejor candidata posible. Petronila Guerrero venía quemada tras la nefasta presidencia en Diputación y su forma de gestionar más su carácter autoritario eran conocidos por buena parte del electorado. El ascenso en una concejalía de IU y sobre todo la irrupción de MR indicaron los deseos de cambio de los ciudadanos, pero ninguna de las opciones fue suficiente: ni englobaron entonces ni abarcan en la actualidad el deseo de regeneración municipal y no pudieron recoger la necesidad de cambio en un ayuntamiento que languidece entre la falta de ideas y el abandono de la ciudad a su propia suerte.