Generalmente no paro de recorrer la ciudad. Aquí nací y aquí he vivido toda mi vida. Hace unos días tuve la oportunidad de pasar por la calle Santa María, donde vine al mundo. No puedo olvidar mis correrías infantil en la plaza Niña. Es curioso recordar cómo el viejo barrio marinero ha pasado a ser cosa tan distinta a lo que otrora fue. Gélidos edificios han venido a sustituir los patios de vecinos y las casas de dos plantas ocupadas por sendas familias. La calle Santa María siempre fue una calle pobre, de mujeres elaborando redes de pesca, cocinando con carbón o petróleo y llevando la vida a duras penas. Es verdad que fue una calle con alegría. Yo era un niño, así que difícilmente puedo recordarla de otra manera aunque la memoria, cada vez más, me hace descubrir momentos no tan felices. Era el signo de los tiempos.
Y era en esos tiempos, cuando el general Franco iba menguando su poderío, -no así su régimen, como todos sabemos-, que en la calle Santa María transcurría la vida muy difícil de las familias marineras. Aquellos trabajadores vivían abandonados de todos, de la administración y de los empresarios que lo querían todo para sí. El sistema se lo permitía. Circunstancias sociales y laborales presentes nos hacen rememorar con más fuerza cada vez, aquel tiempo. En la plaza Niña jugábamos los niños a las cosas que nos eran propias entonces. La verdad es que yo era muy muy niño todavía, así que poco más que contacto con la arena podía tener. Cuando la edad se ha ido viniendo encima mejor comprendes que pocas, poquísimas calles nos separaban de quienes mandaban en la ciudad que eran, básicamente, los mismos que lo hacen ahora. No han cambiado tanto las cosas.
Como decía al comenzar, tengo la suerte de hablar con muchos conciudadanos a lo largo de los días. La mayoría exponen sus quejas, igual que lo hago yo, por la situación que vivimos en general y se duelen de ver cómo la ciudad ha dejado de crecer y hace tiempo empezó a retroceder. Nadie le niega a Pedro Rodríguez -yo tampoco lo haré-, el mérito de haber conferido a Huelva un aire de más ciudad y de haberla cambiado en gran medida, a pesar de que no todos los cambios han sido afortunados. Pero la mayoría también coinciede en la necesidad de cambio en el Estado, en Andalucía y, desde luego, en la ciudad de Huelva. Muchos añoran un movimiento ciudadano onubense organizado porque saben que si no, el futuro, será más de lo mismo: decadencia y olvido.
No pocos de los cambios producidos en la ciudad son fruto de la burbuja inmobiliaria y de aquellos tiempos en los que parecía que todo posible: todo se vendía y todo se comproba. No en poca medida se vivió de forma ficticia y con un dinero que en realidad no existía: se trataba de mera especulación. En pura huída al frente, la alcaldía de Huelva fue endeudando la ciudad de un modo ruinoso mientras el equipo de gobierno se iba sucediendo a sí mismo de manera endogámica e iba cerrando la ciudad cada vez más en sí misma, orgullosa de ser lo que es y sin necesidad de mayores cambios. En ese sentido, el gobierno municipal se parece mucho al nacionalismo catalán que piensa que más allá de Cataluña no hay mundo y va asfixiando al territorio dentro de sus muchas o pocas posibilidades.
Por eso, cuando un número tan grande de onubenses cree en la necesidad de abrir las ventanas y las puertas de la ciudad y de que el movimiento ciudadano organizado comience a caminar cuanto antes, ha de ver con claridad que su participación es ineludible. Una fuerza nueva, recogiendo las aspiraciones legítimas de tantos ciudadanos cansados de ver que el equipo de gobierno vive atrincherado y bajo el temor continuo de perder unas elecciones porque creen haber adquirido el derecho de administrar la ciudad sine die, es necesaria y está a las puertas, según me dicen, pero será nada si no cuenta con el concurso activode esas mismas personas que quieren que las cosas cambien.
Huelva, en mi infancia, era una ciudad tremendamente tranquila, resignada con lo que tenía porque no podía hacer otra cosa. Los que habitaban lugares como la calle Santa María vivían su fatalidad con resignación porque un sistema injusto y fruto de una guerra determinaba quiénes tenían que vivir de aquel modo para que los otros, los que vivían unas calles más arriba, organizasen la ciudad a su antojo. Hoy podría ser distinto porque bastaría con que los que pueden variar las cosas asuman su responsabilidad para ir a una ciudad gestionada con honradez y eficacia y en la que los ciudadanos sean la parte central. Me parece que el esfuerzo merece la pena. Que Huelva sea mejor y no nos sigan gobernando los de mi infancia, bien merece el esfuerzo.
jueves, 17 de octubre de 2013
domingo, 29 de septiembre de 2013
Rechinando por Huelva
He tenido la suerte de pasar casi un mes en Lloret de Mar, en la Costa Brava, muy cerca de Blanes y, naturalmente, en Gerona. Ha sido una experiencia agradable casi circunscrita a sol, playa y cura de sueño. Hacía tiempo que no dormía tanto. Decidí dejar las preocupaciones atrás y casi lo conseguí al cien por cien. Sólo el zumbido porculero de algún abejorro -por cierto, ¿existe el femenino de abejorro?-, a punto estuvo de sacarme de mi tranquilidad casi zen. Pero apagué el whatssapp y seguí adelante con mi felicidad. Evidentemente, algunas personas de natural molestas, aprovechan el aburrimiento para malmeter y crear confusión y desconfianza. Afortunadamente, al final, quedan demasiado en evidencia y pasan a ser ignoradas porque la asunción unipersonal de relevancia no sirve más que para ser rey o reina de la nada, como así es.
Lloret y las poblaciones cercanas -por ejemplo Caleda y Pineda- ha supuesto, y no es la primera vez, una ampliación de mis horizontes personales. Lo digo por las personas que para bien o mal se conocen y porque inequívocamente, en medio de la tranquilidad, surge la vivencia interior, la meditación y la planificación que se traza sola. Es ahí donde encuentro las ventajas de la edad. Ser joven es hermoso pero la perspectiva solo la da el tiempo y comienzas a comprender que moverte con reposo siempre será mejor que obedecer a los impulsos que debieron quedar atrás hace tiempo.
Curiosamente, empiezas a descubrir que el apego desmesurado a la tierra no tiene razón de ser. Bien está dedicar parte de tu tiempo al lugar que te vio nacer, pero no deja de ser sano tomar distancia para relativizar la realidad. Una ciudad, aunque te haya visto nacer, no tiene por qué ser la mejor del mundo, tan siquiera la que en términos de reconocimiento, más te aprecie. Por otro lado, si la edad te da perspectivas antes no soñadas, ¿por qué no se puede producir un cambio de residencia cuando ya han pasado más años de los de la mitad de tu vida? ¿No puedo una persona hacer lo mismo que hace en su lugar natal y quizás encontrar la horma de su zapato? -Me refiero a términos profesionales o, en su caso, artísticos, que nada tiene que ver con situaciones sentimentales aunque, bien visto, también podría ser. Dependerá de los fines que busca cada cual.
Para bien o para mal, mi tierra es Huelva, creo que lo sabe todo el mundo que me conoce directa o indirectamente. La he amado profundamente y siempre he vivido aquí. Me doy cuenta de que todos mis intentos de estar en el servicio público de la urbe se han visto frustrados porque un muro de intereses y de incomprensión se ha opuesto a mis fines a cualquier intento. Es verdad que en ese sentido, todos mis proyectos , en cuanto a la política se refiere, fueron dentro del PP. Mejor no recordadar mucho cómo es ese partido por dentro o por qué únicamente permitE el acceso a la administración de la cosa pública a los afines desde el punto de vista de la "casta" (intereses de grupo), y el gusto rancio y demodé. Ni inteligencia, capacidades o generación de ideas tienen para ellos importancia, así que espero que dejen de gobernar la ciudad tras las elecciones locales de 2015.
Seguiré contando cosas, comentando noticias o escribiendo artículos periódicamente, según el tiempo me lo vaya permitiendo y aunque esta entrada no ha sido la primera en ser editada, sí quiero que sea carta de presentación del blog. Espero que lo disfrutéis los muchos o pocos que os pongáis en contacto con él. Seré tan personal como el pudor y la prudencia me permitan serlo, pero no cejaré en ser yo todo el tiempo.
Un abrazo cordial a todos.
Lloret y las poblaciones cercanas -por ejemplo Caleda y Pineda- ha supuesto, y no es la primera vez, una ampliación de mis horizontes personales. Lo digo por las personas que para bien o mal se conocen y porque inequívocamente, en medio de la tranquilidad, surge la vivencia interior, la meditación y la planificación que se traza sola. Es ahí donde encuentro las ventajas de la edad. Ser joven es hermoso pero la perspectiva solo la da el tiempo y comienzas a comprender que moverte con reposo siempre será mejor que obedecer a los impulsos que debieron quedar atrás hace tiempo.
Curiosamente, empiezas a descubrir que el apego desmesurado a la tierra no tiene razón de ser. Bien está dedicar parte de tu tiempo al lugar que te vio nacer, pero no deja de ser sano tomar distancia para relativizar la realidad. Una ciudad, aunque te haya visto nacer, no tiene por qué ser la mejor del mundo, tan siquiera la que en términos de reconocimiento, más te aprecie. Por otro lado, si la edad te da perspectivas antes no soñadas, ¿por qué no se puede producir un cambio de residencia cuando ya han pasado más años de los de la mitad de tu vida? ¿No puedo una persona hacer lo mismo que hace en su lugar natal y quizás encontrar la horma de su zapato? -Me refiero a términos profesionales o, en su caso, artísticos, que nada tiene que ver con situaciones sentimentales aunque, bien visto, también podría ser. Dependerá de los fines que busca cada cual.
Para bien o para mal, mi tierra es Huelva, creo que lo sabe todo el mundo que me conoce directa o indirectamente. La he amado profundamente y siempre he vivido aquí. Me doy cuenta de que todos mis intentos de estar en el servicio público de la urbe se han visto frustrados porque un muro de intereses y de incomprensión se ha opuesto a mis fines a cualquier intento. Es verdad que en ese sentido, todos mis proyectos , en cuanto a la política se refiere, fueron dentro del PP. Mejor no recordadar mucho cómo es ese partido por dentro o por qué únicamente permitE el acceso a la administración de la cosa pública a los afines desde el punto de vista de la "casta" (intereses de grupo), y el gusto rancio y demodé. Ni inteligencia, capacidades o generación de ideas tienen para ellos importancia, así que espero que dejen de gobernar la ciudad tras las elecciones locales de 2015.
Seguiré contando cosas, comentando noticias o escribiendo artículos periódicamente, según el tiempo me lo vaya permitiendo y aunque esta entrada no ha sido la primera en ser editada, sí quiero que sea carta de presentación del blog. Espero que lo disfrutéis los muchos o pocos que os pongáis en contacto con él. Seré tan personal como el pudor y la prudencia me permitan serlo, pero no cejaré en ser yo todo el tiempo.
Un abrazo cordial a todos.
domingo, 14 de julio de 2013
Este artículo se publicó por primera vez en EL PERIÓDICO DE HUELVA el 27 de mayo de 2013. Si lo subo al blog es porque creo que su actualidad es rabiosa y porque creo que, aunque haya venido creyendo en otras tesis, me parece que en el caso de coincidencia de diferentes partidos regeneracionistas y ciudadanos, la opción podría ser llegar a acuerdos pre o post electorales.
LAS HORAS
JAVIER BERRIO
Alternativa
municipal
El
mapa político en el Estado podría cambiar mucho a tenor de las encuestas. Según
las mismas, hasta tres partidos podrían ser necesarios para formar una mayoría
de gobierno estable. Naturalmente, ello va a depender de que el panorama
económico no cambie lo suficiente en lo que resta de legislatura para permitir
que el PP remonte sus posiciones. También, desde el otro lado de los dos
partidos hasta aquí mayoritarios, que el PSOE encuentre un candidato mejor posicionado,
no contaminado por su activad gubernamental y que ideé propuestas más creíbles
que las del actual secretario general, Pérez Rubalcaba.
Pero quizás lo más interesante podría ser
qué suceda en los ayuntamientos. En nuestra provincia, la experiencia ha
comenzado con los partidos independientes que ya gobiernan, solos o en
coalición, en algunos de nuestros ayuntamientos. Lo que sucede es que a pesar
de la independencia de los partidos tradicionales, muchos de sus cargos ya
administraron en organizaciones al uso. Por eso, la prueba de oro tendría que
venir en la capital, donde ciudadanos sin responsabilidades públicas
institucionales anteriores habrían de ingresar en el consistorio con la
voluntad de cambiar drásticamente las políticas presentes. El auténtico cambio municipal debe venir de
manos de una formación nueva de ciudadanos y para los ciudadanos. Inútil seguir
insistiendo en candidatos que se deben a los aparatos de sus partidos o, como
en el caso del actual equipo de gobierno, a la estricta voluntad del alcalde.
Ya sabemos que en el caso del PP, es el partido el que se rinde ante el hombre
que siempre ha ganado las elecciones en la capital a la cabeza de su lista y no
al revés.
Cuando hace unos días, este periódico
reproducía la entrevista que el primer edil había concedido a la cadena SER, lo
que más sorprendió fue que hiciera referencia a la voluntad de su partido,
entre otras variables, para presentarse o no a las elecciones municipales de
2015. Ya sabemos que los deseos del alcalde son órdenes para la dirección
popular, no por casualidad ha sido el mayor aval electoral de la gaviota en
Huelva. Además, el gran cambio urbanístico se dio en los tiempos de bonanza
económica bajo el mandato del actual alcalde y del equipo hecho desde su entorno
personal y a su medida. Pero eso se acabó hace mucho tiempo. Ni renovó nunca su
lista ni la ciudad siguió creciendo desde hace tiempo. Al alcalde, a pesar de lo dicho por él mismo,
ni le preocupa ni le importa lo que su partido pueda pensar al respecto, no así
lo que dibujen las encuestas. Una opinión mayoritaria negativa o dubitativa
sería suficiente para que el regidor dé marcha atrás y no ponga en peligro la
reputación hasta aquí alcanzada y que ya ha comenzado a declinar. Pero en
realidad, eso es algo que ya decidirán en el seno de un equipo de gobierno
completamente agostado por los larguísimos años de gobierno, por la deuda y la
crisis.
Lo verdaderamente importante para Huelva es
dar lugar a una nueva opción para el gobierno de la ciudad que, cuando menos,
condicione el fondo y las formas de
administrar una Huelva hoy abandonada. Sin duda, los próximos administradores
tendrán que hacer frente a las responsabilidades arrinconadas y habrá de partir
de la premisa de decir siempre la verdad sobre el estado de la capital y sus
finanzas. Afrontar el reto de modernizar la administración interior; buscar,
desde las posibilidades del consistorio, alternativas al tremendo desempleo hoy
existente y sondear nuevos medios; avanzar en un medio ambiente de mayor
calidad compatible con el mundo del trabajo; acometer la racionalización de los
sueldos públicos; recordar que los barrios también existen y que sin ellos no
hay ciudad; abrir el campo de actuación turística a todas las posibilidades de
la ciudad y su entorno y ese largo etcétera al que hoy no se da solución
porque, sencillamente, los actuales mandatarios de la ciudad ya no pueden hacerlo.
sábado, 15 de junio de 2013
Balance de un modelo agotado (I)
Artículo publicado en EL PERIÓDICO DE HUELVA, en mi columna LAS HORAS el lunes 10 de junio de 2013.
Recuerdo que en los comienzos del entonces llamado onubensismo yo mismo apoyé unas tesis con argumentos que no se habían planteado ni los inventores del término. Pero en realidad, para los agentes de aquella nueva ideología no se trataba más que de dar a los ciudadanos lo que supuestamente querían. Era la esencia misma del populismo. A una ciudad muy tocada en su autoestima no había más que proponerle que todo lo onubense era lo mejor del mundo y profundizar en el fenómeno de los agravios comparativos.
El ingrediente principal era la defensa de las tradiciones y de lo que se consideraron valores propios irrenunciables, esencialmente el Real Club Recreativo de Huelva y las maltrechas costumbres: Semana Santa, Virgen de la Cinta, San Sebastián y el Rocío, sentido como propio a pesar de caracterizar a otra localidad de la provincia. Las Fiestas Colombinas –a las que el alcalde llegó a llamar Feria, mimetizando la denominación de otras ciudades cercanas- y el Carnaval Colombino (más resucitado que continuado) eran, de entre esas celebraciones más o menos en decadencia, las únicas de carácter civil, dándose en las otras el elemento religioso y produciéndose un maridaje casi perfecto entre el estamento clerical (católico, naturalmente) y la administración civil de la ciudad. La receta funcionó durante años y la tremenda popularidad del alcalde estuvo en gran medida apoyada en esos hechos.
La otra cultura, la que por ejemplo supone el Festival de Cine Iberoamericano, se ha dejado languidecer por los desencuentros entre los distintos patronos y la desidia del propio consistorio. Mientras tanto, la falta de equipamiento no se ha visto mejorada con el aprovechamiento de los nuevos espacios disponibles ni se ha adecuado la oferta cultural a las necesidades de otras generaciones ni a la ampliación del horizonte de las manifestaciones creativas que inducen el crecimiento individual y social. Pienso que el ciclo de primar los festejos sobre lo cultural a la vez que formativo ha terminado y va llegando el momento de comenzar a escribir otra página administrativa y cultural en la historia de Huelva.
Desde mi punto de vista, las tradiciones están más que consolidadas aunque el paso del tiempo y la incorporación de las nuevas edades las hacen vivir de otro modo y comienza a bajar la participación en los eventos civil-religiosos. A lo largo de la ciudad han quedado muestras escultóricas religiosas más que suficientes, desde el monumento a la Virgen de la Cinta, el del beato Juan Pablo II, a la Inmaculada Concepción o el de la Virgen del Rocío entre otros. Además, otra de las costumbres hoy algo contestada por parte de los ciudadanos quedó representada en el monumento a la dinastía de los Litri y solo algunas estatuas de carácter civil fueron colocadas en la ciudad..
Hace años ya que el mismo equipo de gobierno dejó de emplear el término onubensismo para revestir de sentido una política apoyada en la persona del alcalde y administrada por un aparato casi inalterado a lo largo de los años. Pedro Rodríguez pudo cambiar de estrategia o el PP mediar más en la formación de las listas, pero sabido es que esa es una cuestión que a Javier Arenas se le fue de las manos. El PSOE obtuvo pobres resultados en las pasadas elecciones municipales porque la estrella de Zapatero se había apagado y porque no eligió la mejor candidata posible. Petronila Guerrero venía quemada tras la nefasta presidencia en Diputación y su forma de gestionar más su carácter autoritario eran conocidos por buena parte del electorado. El ascenso en una concejalía de IU y sobre todo la irrupción de MR indicaron los deseos de cambio de los ciudadanos, pero ninguna de las opciones fue suficiente: ni englobaron entonces ni abarcan en la actualidad el deseo de regeneración municipal y no pudieron recoger la necesidad de cambio en un ayuntamiento que languidece entre la falta de ideas y el abandono de la ciudad a su propia suerte.
El ingrediente principal era la defensa de las tradiciones y de lo que se consideraron valores propios irrenunciables, esencialmente el Real Club Recreativo de Huelva y las maltrechas costumbres: Semana Santa, Virgen de la Cinta, San Sebastián y el Rocío, sentido como propio a pesar de caracterizar a otra localidad de la provincia. Las Fiestas Colombinas –a las que el alcalde llegó a llamar Feria, mimetizando la denominación de otras ciudades cercanas- y el Carnaval Colombino (más resucitado que continuado) eran, de entre esas celebraciones más o menos en decadencia, las únicas de carácter civil, dándose en las otras el elemento religioso y produciéndose un maridaje casi perfecto entre el estamento clerical (católico, naturalmente) y la administración civil de la ciudad. La receta funcionó durante años y la tremenda popularidad del alcalde estuvo en gran medida apoyada en esos hechos.
La otra cultura, la que por ejemplo supone el Festival de Cine Iberoamericano, se ha dejado languidecer por los desencuentros entre los distintos patronos y la desidia del propio consistorio. Mientras tanto, la falta de equipamiento no se ha visto mejorada con el aprovechamiento de los nuevos espacios disponibles ni se ha adecuado la oferta cultural a las necesidades de otras generaciones ni a la ampliación del horizonte de las manifestaciones creativas que inducen el crecimiento individual y social. Pienso que el ciclo de primar los festejos sobre lo cultural a la vez que formativo ha terminado y va llegando el momento de comenzar a escribir otra página administrativa y cultural en la historia de Huelva.
Desde mi punto de vista, las tradiciones están más que consolidadas aunque el paso del tiempo y la incorporación de las nuevas edades las hacen vivir de otro modo y comienza a bajar la participación en los eventos civil-religiosos. A lo largo de la ciudad han quedado muestras escultóricas religiosas más que suficientes, desde el monumento a la Virgen de la Cinta, el del beato Juan Pablo II, a la Inmaculada Concepción o el de la Virgen del Rocío entre otros. Además, otra de las costumbres hoy algo contestada por parte de los ciudadanos quedó representada en el monumento a la dinastía de los Litri y solo algunas estatuas de carácter civil fueron colocadas en la ciudad..
Hace años ya que el mismo equipo de gobierno dejó de emplear el término onubensismo para revestir de sentido una política apoyada en la persona del alcalde y administrada por un aparato casi inalterado a lo largo de los años. Pedro Rodríguez pudo cambiar de estrategia o el PP mediar más en la formación de las listas, pero sabido es que esa es una cuestión que a Javier Arenas se le fue de las manos. El PSOE obtuvo pobres resultados en las pasadas elecciones municipales porque la estrella de Zapatero se había apagado y porque no eligió la mejor candidata posible. Petronila Guerrero venía quemada tras la nefasta presidencia en Diputación y su forma de gestionar más su carácter autoritario eran conocidos por buena parte del electorado. El ascenso en una concejalía de IU y sobre todo la irrupción de MR indicaron los deseos de cambio de los ciudadanos, pero ninguna de las opciones fue suficiente: ni englobaron entonces ni abarcan en la actualidad el deseo de regeneración municipal y no pudieron recoger la necesidad de cambio en un ayuntamiento que languidece entre la falta de ideas y el abandono de la ciudad a su propia suerte.
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